NUESTROS FUNDADORES
De un sueño a un legado

Daniel Liberona y Marina Zuñiga

Antes de Liberona

          

Daniel Liberona, juventud.

Antes de que existiera Liberona, existía una manera de entender la vida. Daniel Liberona nunca creyó que el respeto se exigiera. Creía que se ganaba. Nunca necesitó grandes discursos. Prefería que su trabajo hablara por él. La puntualidad era una forma de respeto.

Cumplir la palabra era una obligación. Y un trabajo mal hecho simplemente no debía salir de sus manos. Mucho antes de fundar una empresa, ya existían los valores que terminarían dándole identidad.

 

El oficio antes que la Empresa

Su primera escuela no fue una oficina. Fue un taller. Allí aprendió que ningún detalle era pequeño. Observó. Escuchó. Practicó. Y volvió a empezar una y otra vez. Comprendió que un buen mueble no se construía con apuro. Se construía con paciencia, con dedicación y con respeto por el oficio.
Sin saberlo, mientras trabajaba también estaba construyendo la manera de hacer las cosas que años después daría identidad a Liberona.

Cuando el sueño pasó a ser de dos personas

Marina Zuñiga, juventud

Daniel fabricaba. Marina visitaba a los clientes, organizaba los pedidos y mantenía en movimiento aquello que apenas comenzaba. Mientras uno construía muebles, la otra construía relaciones.
Mientras uno trabajaba en el taller, la otra transmitía confianza a cada persona que visitaba. Nunca dividieron sus esfuerzos. Compartieron un mismo propósito. No buscaban levantar una empresa.
Buscaban sacar adelante una familia haciendo bien su trabajo. Sin saberlo, estaban construyendo algo que décadas después seguiría definiendo la cultura de Liberona.
No comenzó con una fábrica. No comenzó con una oficina. Comenzó con dos personas convencidas de que el trabajo bien hecho siempre encuentra su camino.

EL PRIMER TALLER

1987 — Inicio

Fue aquí donde el sueño dejó de ser una idea y comenzó a tomar forma.

No había grandes máquinas.

No existían oficinas.

Ni un equipo numeroso.

Solo un pequeño espacio donde cada mueble era construido con las manos, con paciencia y con una convicción que nunca cambió. No importaba el tamaño del taller. Importaba el compromiso con el que salía cada trabajo.

Porque antes de existir Liberona como empresa, ya existía una manera de hacer las cosas.Y esa manera sigue siendo la misma hasta hoy.



PIEZAS DE NUESTRA HISTORIA

Objetos originales conversados por la familia Liberona

No fueron simples herramientas de trabajo. Fueron las compañeras silenciosas de quienes decidieron comenzar desde cero. Cada una guarda una parte de la historia de Daniel y Marina. Y, de alguna manera, también guarda el origen de Liberona.

 

MAQUINA DE ESCRIBIR 1987

Con ella se escribieron los primeros presupuestos. Las primeras cartas. Los primeros compromisos. Cada hoja que salió de esta máquina llevaba una promesa:

«Cumplir la palabra empeñada».

 

HERRAMIENTAS DEL PRIMER TALLER

No fueron solo herramientas. Fueron la extensión de unas manos que aprendieron que un buen mueble nace mucho antes del primer corte. En ellas comenzó una forma de trabajar que aún permanece.

 

PRIMER CATÁLOGO LIBERONA 1987

Era sencillo. Sin grandes recursos. Pero representaba algo inmenso. La decisión de mostrar al mundo el trabajo hecho con orgullo.

 

PRIMERA IDENTIDAD LIBERONA 

Antes que un símbolo comercial, fue una firma. El nombre de una familia puesto sobre cada mueble como garantía de calidad y compromiso.

El tiempo puso a prueba sus convicciones

 Crecer nunca fue el desafío. Lo difícil era mantenerse fiel a aquello que los había hecho comenzar. También hubo días en que las cuentas no alcanzaban, los pedidos se atrasaban y las decisiones parecían demasiado grandes para un pequeño taller, pero nunca existió la posibilidad de hacer las cosas de cualquier manera. Porque para Daniel y Marina el trabajo no era solamente una forma de ganarse la vida. Era una forma de honrar su palabra. Cada mueble que salía del taller llevaba mucho más que madera y tapicería.

Llevaba el nombre de quienes lo habían construido. Y ese nombre debía cuidarse todos los días.

Lo que nunca cambió

  • Cumplir la palabra, incluso cuando costaba.
  • Entregar un trabajo del que pudieran sentirse orgullosos.
  • Respetar a las personas antes que a los negocios.
  • Trabajar con humildad.
  • Aprender todos los días.

"Antes de existir una marca, existió una manera de hacer las cosas Y esa manera sigue siendo el corazón de Liberona".

Palabra - Orgullo por el trabajo - Respeto - Humildad - Aprendizaje

 

Casi cuarenta años después

Hay personas que, cuando la empresa crece, dejan el taller. Daniel hizo exactamente lo contrario. Nunca dejó que el taller lo dejara a él. Todavía llega temprano.
Todavía revisa un plano. Todavía corrige un detalle. Todavía cree que un mueble habla de quien lo construyó. Porque algunas personas fundan empresas.
Otras construyen una forma de vivir.
Daniel Liberona hizo ambas.


Aquí termina el relato de nuestro orígenes,
Pero no aquello que comenzó con ellos

La historia continúa.

→ Conocer la trayectoria de Liberona